Un clon virtual es un agente inteligente que ha sido entrenado para imitar el comportamiento de un humano. Esto abarca desde aspectos muy limitados, como que sea capaz de responder al email como tú lo harías a que sea capaz de imitar gran cantidad de aspectos tuyos.
Este articulo es una adaptación del siguiente vídeo (haz click para verlo en Youtube):
Vivimos en un mundo terriblemente conectado en el cual estamos constantemente generando contenido digital, y no me refiero solo a los influencers, hablo de cada uno de nosotros. Al día escribimos centenares de líneas de texto en forma de emails, mensajes, publicaciones en redes sociales, …. Y no solo texto, también fotos, videos, audios. Cada uno de nosotros es una pequeña productora multimedia con patas.
Dado el avance de los modelos de lenguaje y su capacidad de imitar una forma de escribir resulta tentador volcar nuestros textos en una IA y usando finetuning entrenarla para que hable como nosotros.
Sin embargo no basta con eso para tener un clon virtual de uno mismo, necesitamos que esa IA se comporte como nosotros lo haríamos. El finetuning ayuda pero no lo es todo, con una buena descripción de nuestra forma de ser y de reaccionar en el prompt logramos un resultado más «ajustado» a la realidad.
¿Pero de qué sirve tener una IA que se comporta como tú si no vas a saber cosas básicas como la fecha de tu cumpleaños? Necesitamos un elemento más, una base de conocimientos que permita aportar esa información que tu clon virtual necesita saber.
Con esto podemos tener un clon que pueda imitarnos bastante bien (bueno, depende de la calidad de los datos y del entrenamiento)
¿Por qué quedarnos ahí? Actualmente tenemos modelos capaces de imitar la voz humana (por algo al proceso lo llaman clonación de voz) e incluso de animar nuestra cara a partir de unas imágenes.
Cierto es que aún queda la parte de que estas caras imiten nuestros gestos y tics al hablar. Y no me refiero solo a su capacidad de aprender estos gestos. (actualmente los gestos se descomponen como puntos clave en la cara por lo que se pueden usar para «imitarlos») si no cuando corresponde su uso lo cual es mucho más complicado. Por ejemplo, poner los ojos en blanco cuando se está siendo sarcástico.
Aun con estos defectos los resultados parecen ser suficientemente buenos actualmente para que haya gente que los está usando para tener un recuerdo de sus familiares fallecidos.
Pero no todo es un problema tecnológico. Imitar a una persona a partir de la información que tenemos de ella puede no ser tan sencillo y no por motivos técnicos, sino humanos.
Como nos vamos a poner filosóficos ¿Qué mejor que tomar como ejemplo a Sócrates? Uno de los padres de la filosofía.
Si quisiéramos crear un Sócrates virtual nos encontraríamos con un problema, hay más de un Sócrates, en concreto tres. Tenemos tres fuentes documentales sobre la vida de Sócrates:
- Los diálogos recopilados por Platón y por extensión las menciones que hace Aristoteles, alumno de Platón. En estos se retrata a Sócrates como un crack, un sabio que siempre gana las discusiones haciendo que sus rivales duden de sus propias afirmaciones
- Los escritos de Jenofonte, un historiador de la antigua Grecia, que muestra un Sócrates sabio pero menos crack.
- La obra de teatro Las Nubes de Aristófanes, donde lo pinta casi como un bufón.
A esto hay que sumar que tanto Jenofonte como Platón «contaminan» sus obras con sus propias ideas, poniéndolas en boca de Sócrates. Si quisiéramos recrear un Sócrates virtual no sabríamos cuál de los tres se aproxima más al auténtico….¿O no hubo un Sócrates más auténtico? Quizás los tres tengan razón y tan solo sean diferentes versiones de la realidad que ellos veían.
Se podría pensar que el problema está en recurrir a fuentes externas, pero que si usamos los propios mensajes de la persona que vamos a clonar este tipo de contradicciones no van a pasar. Desgraciadamente no es así, nosotros tenemos distintos aspectos, a veces contradictorios, según con que persona tratamos. No hablamos igual con nuestro jefe, amigos o familia. Al final necesitaríamos un clon para cada persona con la que debe conversar.
A todo esto hay que añadirle otro sesgo. El de selección. Da igual si los datos los aporta uno mismo o un conocido. Posiblemente la información estará sesgada y se eliminará aquello que nos haga quedar peor o no nos haga parecer como «de verdad» somos. Todos conocemos a alguien que la forma en que él se percibe y los demás lo hacemos es muy diferente. Mala noticia, todos somos un poco así, con nosotros y con los demás. Toda percepción de una persona, incluida la propia, es subjetiva.
Además hay que sumarle el factor tiempo, con el paso de este la gente va cambiando, aprendiendo cosas nuevas y con gustos diferentes, modificando nuestra forma de expresarnos y de pensar. Pero un clon virtual está congelado en un instante, no puede cambiar su forma de ser. Como mucho se le puede actualizar su base de conocimientos. Cuanto más pasa el tiempo más se distancia el clon del clonado.
En resumen, los clones virtuales como «imitadores» de una pequeña parte nuestra pueden funcionar perfectamente, sin embargo aún les falta mucho para poder ser un replica cercana a un ser humano, ya que nuestro comportamiento varia muchos según factores externos a la propia conversación y es difícil introducir este «contexto» en la misma o en el aprendizaje
